lunes, 25 de agosto de 2014

Soneto fascista (es en broma). Escrito en 1999

                                          Soneto fascista
                                           (es en broma)

                        Ni el carca liberal falso centrista
                        ni el inmundo progre socialero
                         estafador corrupto del obrero
                        ni el vano reformismo comunista

                         pueden contentar al noble idealista
                         que sin ser racial facha mamporrero
                         amigo del derechón patriotero
                          sueña con el nuevo mito fascista

                         de la Europa socialista e imperial,
                         pues no se vence al capital que oprime
                         con burgués progresismo racional

                         sino con gran política sublime
                          que acabe con el tedio sensual
                         que en Occidente nuestro afán reprime.
         

     
                     
             
 

SUGERIDO POR LA LECTURA DE KIERKEGAARD

Hasta qué punto la exigencia ética de "abrirse" a los demás y "darse" a ellos no implica el aceptar la cháchara y la banalidad y convertirse en una persona "hetero-dirigida". Hasta qué punto ello no choca con la exigencia trascendente a la ética, exigencia tal vez religiosa, de singularizarse y convertirse en una individualidad original (¿ante Dios?).

miércoles, 13 de agosto de 2014

Recuerdo de un médico culto de los que ya no quedan

Recuerdo de un médico culto de los que ya no quedan


Hace ya tiempo que mantuve una prolongada relación terapéutica con un facultativo que a pesar de tener importantes limitaciones ideológicas era un hombre culto y de talante liberal y humanista. Después he andado deambulando por distintos médicos, bastante más jóvenes que el anterior, que están hundidos en el filisteísmo más asqueroso y que ideológicamente son sencillamente unos paletos.
Según el cuadro cultural pintado por la progresía, en nuestro país habríamos salido de una etapa de oscurantismo hacia una edad mucho más esplendorosa culturalmente. Pero esto es radicalmente falso. El proceso de modernización capitalista que acompañó al proceso de democratización no produjo una sociedad más culta sino una sociedad más hundida que antes en el marasmo cultural que se manifiesta en el cientificismo y el tecnocratismo. Antes había una burguesía culta, limitada ideológicamente, si se quiere, por el sesgo conservador de su humanismo pero que era infinitamente preferible a la pequeña burguesía paleta y filistea, de mente cerrada por el cientificismo tecnocrático, que ha venido después. La causa de este proceso de deterioro ideológico no es estrictamente política sino que ha sido producida por el proceso social y cultural de modernización capitalista. Al margen de los cambios en el poder político, este proceso de modernización, que en cualquier caso hay que valorar "dialécticamente" ( en el sentido lato de que ha sido un proceso ambivalente), ha tenido unos costes culturales que en la esfera de las actitudes ideológicas han repercutido muy negativamente y deben ser duramente criticados.
Algunos burgueses actuales, entre ellos también algunos médicos, tratan de zafarse de la incultura tecnocrática pero caen en la vulgaridad sensiblera seudotrascendente y no alcanzan el nivel de una ideología seriamente humanista.
El humanismo liberal-conservador es sin duda ideológico (en el sentido marxista de ser una "falsa conciencia" engañadora) pero es preferible enteramente al tecnocratismo tardomoderno , mucho más efectivo entre los profesionales burgueses que el posmodernismo, que sólo ha sido una actitud ideológica de capas académicas marginales, y con ese humanismo liberal-conservador es mucho más posible un diálogo crítico clarificador que con la cerrazón mental tecnocrático-cientificista que conlleva un filisteísmo absoluto y un paletismo rocoso contra el que rebota cualquier intento de crítica cultural bienintencionada.

jueves, 17 de julio de 2014

PROCESO INQUISITORIAL CONTRA EL DAIMIELEÑO JOSEPH MARTÍN DE BERNARDO,1815/1818

Proceso inquisitorial contra Joseph Martín de Bernardo, cirujano de la villa de Daimiel, por palabras escandalosas, 1815/1818
(Archivo Histórico Nacional, legajo 205, expediente 59)
El testigo Manuel Joseph Núñez de Arenas había oído a Joseph Ceca Galán, escribano público de la villa de Daimiel, que Joseph Martín de Bernardo había dicho que según San Agustín no era mala la fornicación si se hacía con el solo objeto de tener hijos.
Así mismo había oído al tal Ceca decir que Martín de Bernardo sabía invocar al demonio para pactar con él, lo cual se realizaba de la siguiente manera: se tomaban tres palitos pequeños o tres huesos y se los comparaba con las tres Personas de la Trinidad, es decir, se los tomaba como representación de dichas Personas; se echaban los tres palitos o huesos en la lumbre y después metiéndose con ellos en lo oscuro de una cueva y diciendo unas palabras que Joseph no concretó, a las dos o tres veces aparecía un monito (?) que decía "¿qué me mandas?". Es muy curioso que este procedimiento mágico para invocar al demonio recuerda muchísimo al procedimiento mágico que según Joseph Clemente Gastamón, vecino también de Daimiel, servía para hacer aparecer figuras de toros, según consta en el proceso que también la Inquisición abrió contra él en 1778 y del que ya di noticia en este Foro. Por tanto podemos colegir que en Daimiel existía cierta tradición popular referente a la virtud mágica de este procedimiento de quemar tres palitos o huesos a los que se hacía simbolizar la Trinidad.
Cuando regresaron los jesuitas a España tras la expulsión decretada en tiempos de Carlos III, parece que Joseph Martín de Bernardo manifestó su disgusto y había dicho que él tenía un libro donde se podía leer que una de las máximas de los jesuitas era "no reprimas tus vicios" y también "recibe con gracejo a tu enemigo para asegurarte de la venganza". Obsérvese que aquí sale a relucir el tan debatido tema del laxismo o "manga ancha" de los jesuitas, tema que venía coleando desde los tiempos de Blaise Pascal y del enfrentamiento entre jansenistas y jesuitas en el siglo XVII.
Joseph Martín de Bernardo parece que también había dicho a algunas mujeres que estaban en estado de parir que no invocasen a San Ramón ni a otros santos y sí a "San Aprieta" porque los demás nunca hacían nada. Lo cual fue calificado en el proceso como proposición herética porque ponía en duda la virtud sobrenatural de los santos.
Según Manuel Sánchez de la Nieta, cuñado del cirujano, este había recriminado a su hermana la costumbre que ella tenía de ir todos los días a misa y le había instado a que no fuera porque mejor estaba trabajando en casa.
El proceso termina con el acta de una sesión del tribunal inquisitorial en qué este había "reconvenido, reprendido y amonestado" al acusado por sus palabras. En su defensa Joseph Martín de Bernardo había alegado que en cuanto a lo de San Agustín y su opinión sobre la fornicación se había limitado a decir lo que el santo expresa sobre el particular en su tratado titulado "El bien del matrimonio". Aquí hay una confusión del acusado pues San Agustín habla, obviamente, en su tratado de las relaciones sexuales dentro del matrimonio y fornicar significa tener esas relaciones fuera de él. En cuanto a lo de los jesuitas, alegó que lo dicho por él estaba en diferentes libros que se publicaron cuando su expulsión y que no tenía noticia de que tales libros se hubieran prohibido. Y en cuanto a lo de las partos y los santos, alegó que lo había dicho porque algunas parturientas se encomendaban a los santos sin hacer por su parte los necesarios y oportunos esfuerzos.
Este cirujano Joseph. Martín de Bernardo era padre de Cándido Martín de Bernardo, que también fue procesado por la Inquisición por proposiciones heréticas y por ser francmasón. De este proceso espero poder dar alguna noticia próximamente.

PROCESO INQUISITORIAL CONTRA EL DAIMIELEÑO LEÓN DE BENISIA,1797

Proceso inquisitorial contra León de Benisia, administrador de rentas reales de Daimiel, 1797
(Archivo Diocesano de Cuenca, Legajo 746, número 1633)


Fray Antonio de la Encarnación,carmelita descalzo, oyó a una mujer, ama de un administrador de rentas de Daimiel, decir que su amo le había dicho que no había infierno y que como negando "la verdad que es tan cierta" le preguntó igualmente a ella: "¿vuestra merced piensa que hay Dios?"
Este León de Benisia era administrador de rentas reales en Daimiel, empleo que había conseguido al declararse la paz con Francia tras la guerra que enfrentó a esta nación con España después del estallido de la revolución de 1789, pues fue premiado con ello por el puesto en la contaduría de los ejércitos que había desempeñado satisfactoriamente en el transcurso de esta guerra y que le había tenido desplazado al territorio de la nación vecina donde habían tenido lugar las operaciones bélicas.
El delator, el citado Fray Antonio de la Encarnación, añadió que el administrador había afirmado frecuentemente cosas semejantes a las denunciadas , según se comentaba en el pueblo, y además señaló que León de Benisia por haber habitado en Francia "era más sospechoso" ( nótese la desconfianza del fraile frente al gran país ilustrado y revolucionario).
El proceso queda interrumpido al constatarse que la mujer citada por el fraile había fallecido.

domingo, 8 de junio de 2014

Por qué no soy marxista




No me considero marxista porque no creo que el capitalismo vaya a ser superado por ninguna revolución proletaria y porque creo que una sociedad humana auténticamente libre sería una sociedad no solo en la que se hubiera abolido el determinismo económico mediante la organización racional de la producción y la distribución sino además una sociedad en la que gracias a lo anterior se hubiera dejado lugar a la libertad del espíritu, y ello significaría que en ella también tendría que jugar un papel la tradición. Pero considero que Marx fue un gran pensador y una figura indiscutible de la historia de la filosofía, aunque a mí lo que más me interesa de él no es su idea de la lucha de clases, la crítica de la economía política burguesa o el materialismo histórico, sino su idea de juventud del final de la filosofía a través de su realización práctica.

martes, 3 de junio de 2014

LA BODA DEL PRÍNCIPE (2004, escrito con motivo del casamiento del actual Príncipe y próximo Rey)

Si Dios no lo remedia, parece que en España habrá algún día un rey llamado Ortiz de segundo apellido.  Nuestro particular Príncipe burgués se casa con una plebeya dedicada al periodismo, profesión antaño muy mal vista por la buena sociedad.
           
            Hay que ser bruto y vulgar para, teniendo a su disposición a las herederas de las grandes dinastías europeas (la de los Wittelsbach entre ellas), casarse con una burguesa que me inclino a pensar que es más bien pequeña, aunque no sé si será más bien grande; pero lo que no es, desde luego, es grande de España. La boda del Príncipe significa que España va a ser representada institucionalmente por  un señor particular. Este matrimonio es un reflejo más del triunfo social de la pequeña burguesía, que es
definitivamente la clase ganadora en la lucha de clases de la historia. 

                   Con toda seguridad esta boda será muy popular, pues concuerda muy bien con el democratismo plebeyista, o democracia frailuna como decía Menéndez- Pelayo, del reaccionarismo popular español, y con el plebeyismo de la propia aristocracia nacional, denunciado ya por Ortega en sus escritos sobre Goya.

            Pero que no nos hablen de modernizaciones, pues una monarquía no regida por su propia tradición es un completo absurdo.

            Y que no nos vengan tampoco con la cursilada de la boda por amor, pues eso es un invento pequeño-burgués cuyos benéficos efectos podemos comprobar en las estadísticas de malos tratos conyugales y de número de divorcios.

            Todo matrimonio tiene que tener un fundamento objetivo, que en la mayoría de los casos puede ser “simplemente” el proyecto de tener hijos y educarlos en un determinado modelo de vida buena, pero que en la monarquía no puede ser otro que el de preservar una sangre  que por no se qué oscuras razones(religiosas), ajenas desde luego a los fundamentos del pensamiento demócrata-liberal, se considera que es superior a la del resto de los mortales y está llamada a ostentar la dominación simbólica del poder político. Pero si las testas coronadas ya no creen en sí mismas por qué vamos a tener que creer los demás.

            ¿Y qué pasa con el hecho de que “doña Leticia” tendrá, como todo burgués, quiéralo o no reconocer, su propia ideología política (por lo que se dice de su “gran cultura” y por su primer matrimonio con un profesor de instituto me temo que puede pertenecer a la “pequeña progresía”, por mucho que ahora se santigüe delante de la Santina), al no estar, según lo pensado por la ideología monárquica, por encima de las divisiones políticas de la sociedad burguesa, como sí lo estarían, según esta ideología, los miembros de la realeza? Los monárquicos de corazón ¿van a sentirse representados por un rey que ha manifestado preferir afectivamente una determinada ideología política?

            Y que conste que si el Rey y su hijo fueran personas “cultas” en lugar de ser “deportistas” y tuvieran una corte de intelectuales y aristócratas sensibles dedicados al mecenazgo yo sería el primer monárquico.

            Como bien dejó dicho Verlaine en un soneto , en Europa el último rey de verdad que ha habido fue Luis II de Baviera (de la dinastía de los Wittelsbach), muerto en 1886 en extrañas circunstancias ,después de ser encerrado y psiquiatrizado por sus ministros burgueses . Se puede honrar como rey a un espíritu sensible y noble que quiere para sí y para su país una vida de belleza, más allá de las mezquindades de la política burguesa, pero habría que preguntarse qué razones hay para mantener como Jefe del Estado a un señor “deportista” y vividor.

             Pero con independencia de preferencias personales y tanto por  la irresponsabilidad dinástica de nuestros Borbones, como, sobre todo, por la incompatibilidad objetiva esencial de la monarquía con las instituciones liberales por las que nos dicen que nos regimos realmente, es hora de gritar, como en otra memorable ocasión, “¡Delenda  est monarchia!”.





                    Febrero 2004