miércoles, 15 de octubre de 2014

miércoles, 8 de octubre de 2014

Museo Comarcal de Daimiel: Comienzan las III Jornadas Historia de Daimiel en ...

Museo Comarcal de Daimiel: Comienzan las III Jornadas Historia de Daimiel en ...





Participo en estas jornadas con una ponencia sobre procesos inquisitoriales contra daimieleños durante el siglo XVIII y principios de XIX.

viernes, 26 de septiembre de 2014

A favor de creer y no saber

                                      A FAVOR DE CREER Y NO SABER


Para evitar el escollo "psicologista" de la vía de la inmanencia vital para llegar a la afirmación de lo sobrenatural es por lo que Zubiri insistió en que el método de la inmanencia debía tomar una dirección ontológica. (Véase X.Zubiri, En torno al problema de Dios,en "Naturaleza, Historia, Dios" pg.434, Alianza Editorial,  Madrid 1987)
La vía de la inmanencia de Blondel es la que defiende que la afirmación de Dios es una exigencia de la acción humana vista desde su interioridad. Su escollo "psicologista" consiste en que tal afirmación de Dios quedarse en producto de número deseo contingente del individuo que por sus condicionamientos psicológicos o sociales insiste en que debe haber Dios porque él así lo siente. Pero la transfiguración ontológica de este deseo, ¿ es suficiente para que la susodicha afirmación pase del plano de los sentimientos contingentes, condicionados psicológicamente -o también por la presión del origen social del individuo-, al plano de un supuesto "ser" del hombre que haría que Dios fuera una realidad con la que por nuestra constitución necesaria no podemos dejar de contar? En todo caso, si se demuestra que la "estructura" interna y necesaria de la acción humana exige la creencia en un Dios cuya única alternativa sería un nihilismo impotente, habríamos demostrado sólo la necesidad pragmática de esa creencia pero no su verdad objetiva. Tendríamos también la necesidad universal de tal creencia, el que su necesidad pragmática no depende de caracteres o tipos humanos sino que viene dada por el "ser" del hombre, pero no habríamos evitado la posibilidad de que esa creencia sea una ilusión universalmente necesaria. Podríamos estar en la posición nietzscheana según la cual el hombre necesita del error y la ilusión, o en la posición pragmatista en sentido lato según la cual debemos admitir como afirmable todo aquello que tenga favorables consecuencias para la acción olvidándonos de la búsqueda de la justificación epistémica que fundamente la verdad universal y objetiva.
La referencia a una universalidad de la especie humana en el caso de la necesidad de creer en Dios no nos salvaría de un "relativismo de la especie": la creencia en Dios sería pragmáticamente necesaria transculturalmente y tránsito psicológicamente pero siempre en relación a una constitución empírica de la especie humana cuya necesidad estría a aún por demostrar. El intento de salvar esta situación recurriendo a una necesidad que ya no sería meramente pragmática sino "ontológica" es un mero expediente de retórica profesoral que solo consiste en una diferencia de énfasis. La diferencia entre un plano "óntico" donde nos encontraríamos con la trivialidad psicológica, sociológica, pragmática, de historia  "vulgar", y un plano "ontológico" donde alcanzaríamos lo genuinamente y primeramente filosófico es el enésimo intentó filosófico de sacarse de la manga la conversión de lo que es empírico, real, particular, contingente, en necesidad no negable por cualquier molesto e inferior hecho de lo "meramente" empírico. Dar la categoría de esencialidad ontológica a cualquier enunciado de contenido sustancial sobre lo humano solo nos eleva a un grado superior de abstracción pero no puede pretender anular su origen empírico y por lo tanto su particularidad y contingencia. Afirmar esto supone oponerse a la pretensión de la fenomenología y sus derivados de poder ofrecer un "a priori material" sobre todo tipo de realidades "vividas". La universalidad y necesidad que da lo "a priori" solo puede hacer referencia a "lo formal" de toda objetividad dada. En esto lleva razón el formalismo kantiano. Pero lo formal es pura abstracción y no se puede convertir nunca en principio concreto de acción en el mundo.Para actuar necesitamos de la concreción de lo contingente, de lo perspectivístico, de lo que es particularidad emanada de nuestra psicología o sociología fácticas y no esencializables ni elevables de ninguna manera a necesidad ontológica. Com dice la gente, o cierta gente, "hay que creer en algo", pero la única manera de evitar que la creencia ( y esto vale para le creencia en Dios o para cualquier otro tipo de creencia política, cultural o ideológica en general) se disuelva en la conciencia de que es decisión arbitraria y voluntarista  es permanecer   inconscientemente en la creencia, rechazando toda reflexión sobre ella y actuando desde ella, negándose a cualquier exigencia de justificación. Para esto lo único que hace falta es seguir soñando, dejarse ir en el sueño, pues lo imposible es soñar sabiendo que se sueña, como creó que exigió Nietzsche en cierto momento, atrapado en su aporía entre su conciencia de un relativismo total y la certera convicción de que es necesario vivir con valores y creencias no sometidos a reflexión. Lo único que hay que hacer es echarse a dormir y soñar, haciendo oídos sordos a todo ruido filosófico, no querer soñar sabiendo que se sueña, es decir, no hay que creer pero estando lo suficientemente despierto para saber que toda creencia es injustificable como verdadera en universalidad y objetividad. Hay que creer olvidándose del significado, que es recordado y exigido por la filosofía, de lo universal, objetivo y necesario.

viernes, 19 de septiembre de 2014

UN TEXTO DE GEORGES SOREL

Aplicable a la actualidad. Por lo menos el primer párrafo.

"El sentimiento de rebelión que se da en las clases pobres cobrará con ello un tinte de atroz envidia. Nuestros diarios democráticos fomentan con mucha maña esa pasión, pensando que es el mejor medio de embrutecer a su clientela y de atraérsela; explotan los escándalos que surgen en la sociedad pudiente; arrastran a sus lectores a experimentar un placer salvaje en cuanto ven que la vergüenza penetra en los hogares de los grandes de la tierra. Con una imprudencia que a veces no deja de extrañar, pretender servir de ese modo la causa de la sutilísima moral que, según ellos, les importa tanto como el bienestar de las clases pobres, ¡y como su libertad!...Pero lo probable es que sus intereses sean los únicos móviles de sus acciones."

(...)

" No creo que existan otros medios apropiados para hacer que desaparezca esa influencia nefasta de los demagogos, más que los que el socialismo puede emplear propagando la noción de huelga general proletaria: el socialismo despierta en el fondo del alma un sentimiento de sublimidad proporcionado a las condiciones de una lucha gigantesca; hace que pase al último lugar la necesidad de satisfacer la envidia mediante la maldad; y hace que aparezca en primer lugar el orgullo del hombre libre, poniendo así al obrero al resguardo del charlatanismo de los jefes ambiciosos y ávidos de goces."

Georges Sorel, "Reflexiones sobre la violencia" (1905), Alianza Editorial (1976), pgs. 230-231

Lenin llamó a Sorel "confusionista", yo le llamó el ingeniero sublime.

lunes, 25 de agosto de 2014

Soneto fascista (es en broma). Escrito en 1999

                                          Soneto fascista
                                           (es en broma)

                        Ni el carca liberal falso centrista
                        ni el inmundo progre socialero
                         estafador corrupto del obrero
                        ni el vano reformismo comunista

                         pueden contentar al noble idealista
                         que sin ser racial facha mamporrero
                         amigo del derechón patriotero
                          sueña con el nuevo mito fascista

                         de la Europa socialista e imperial,
                         pues no se vence al capital que oprime
                         con burgués progresismo racional

                         sino con gran política sublime
                          que acabe con el tedio sensual
                         que en Occidente nuestro afán reprime.
         

     
                     
             
 

SUGERIDO POR LA LECTURA DE KIERKEGAARD

Hasta qué punto la exigencia ética de "abrirse" a los demás y "darse" a ellos no implica el aceptar la cháchara y la banalidad y convertirse en una persona "hetero-dirigida". Hasta qué punto ello no choca con la exigencia trascendente a la ética, exigencia tal vez religiosa, de singularizarse y convertirse en una individualidad original (¿ante Dios?).

miércoles, 13 de agosto de 2014

Recuerdo de un médico culto de los que ya no quedan

Recuerdo de un médico culto de los que ya no quedan


Hace ya tiempo que mantuve una prolongada relación terapéutica con un facultativo que a pesar de tener importantes limitaciones ideológicas era un hombre culto y de talante liberal y humanista. Después he andado deambulando por distintos médicos, bastante más jóvenes que el anterior, que están hundidos en el filisteísmo más asqueroso y que ideológicamente son sencillamente unos paletos.
Según el cuadro cultural pintado por la progresía, en nuestro país habríamos salido de una etapa de oscurantismo hacia una edad mucho más esplendorosa culturalmente. Pero esto es radicalmente falso. El proceso de modernización capitalista que acompañó al proceso de democratización no produjo una sociedad más culta sino una sociedad más hundida que antes en el marasmo cultural que se manifiesta en el cientificismo y el tecnocratismo. Antes había una burguesía culta, limitada ideológicamente, si se quiere, por el sesgo conservador de su humanismo pero que era infinitamente preferible a la pequeña burguesía paleta y filistea, de mente cerrada por el cientificismo tecnocrático, que ha venido después. La causa de este proceso de deterioro ideológico no es estrictamente política sino que ha sido producida por el proceso social y cultural de modernización capitalista. Al margen de los cambios en el poder político, este proceso de modernización, que en cualquier caso hay que valorar "dialécticamente" ( en el sentido lato de que ha sido un proceso ambivalente), ha tenido unos costes culturales que en la esfera de las actitudes ideológicas han repercutido muy negativamente y deben ser duramente criticados.
Algunos burgueses actuales, entre ellos también algunos médicos, tratan de zafarse de la incultura tecnocrática pero caen en la vulgaridad sensiblera seudotrascendente y no alcanzan el nivel de una ideología seriamente humanista.
El humanismo liberal-conservador es sin duda ideológico (en el sentido marxista de ser una "falsa conciencia" engañadora) pero es preferible enteramente al tecnocratismo tardomoderno , mucho más efectivo entre los profesionales burgueses que el posmodernismo, que sólo ha sido una actitud ideológica de capas académicas marginales, y con ese humanismo liberal-conservador es mucho más posible un diálogo crítico clarificador que con la cerrazón mental tecnocrático-cientificista que conlleva un filisteísmo absoluto y un paletismo rocoso contra el que rebota cualquier intento de crítica cultural bienintencionada.