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sábado, 17 de agosto de 2013

NOTAS CRÍTICAS SOBRE LA PSICOLOGÍA DEL INDIVIDUO DE ALFRED ADLER

He aquí una sola muestra del intenso bombardeo moral al que Adler somete a los neuróticos como monstruos de egoísmo y perversidad retorcida en su obra El Carácter Neurótico:

“El tema del amor rechazado casi siempre desempeña algún papel en estos casos [de neurosis], originando intensos impulsos de odio contra la persona amada sin retribución. En efecto, es difícil concebir que el amor pueda sufrir tal metamorfosis en hombres sanos. Requiérese la suma de todos los impulsos de dominio y de exagerado afán de hacer valer la propia personalidad, que anidan en el neurótico, para querer apoderarse del alma de otra persona contra su voluntad. El neurótico lo quiere todo, y es ciego a los obstáculos naturales. Por eso ante el rechazo de su “amor”, se siente herido en su línea directriz más sensible. Desde entonces ya no sueña sino con la venganza: “¡Acheronte movebo!”

Todos los “rasgos de carácter” de los que habla Adler en El Carácter Neurótico se dan efectivamente en el neurótico pero ellos no constituyen el núcleo de su enfermedad sino que lo es el significado de los síntomas específicamente neuróticos (obsesiones y compulsiones, angustia, fobias, etc.), significado del que Adler da una explicación completamente superficial e interesada desde el punto de vista de su teoría, considerando esos síntomas como un recurso más del egoísmo y afán de dominio del neurótico, surgido siempre del intento de compensar su sentimiento de inferioridad.
            Es destacable la lucidez psicológica cuasi nietzscheana con la que Adler persigue todos los rodeos y artificios que sirven al neurótico para tratar de alcanzar su objetivo fundamental de salvar y reforzar su “sentimiento de personalidad”, que para Adler es siempre una “voluntad de poder” psicológica que se manifiesta como afán de superioridad surgido para compensar y anular un originario complejo de inferioridad, que sería el punto de partida de todo el proceso neurótico. Este “sentimiento de inferioridad” del neurótico da lugar siempre a una “protesta”, que Adler insiste una y otra vez, de manera culturalmente condicionada, en calificar de “protesta viril”. Lo que Adler no aclara nunca satisfactoriamente, como Freud le reprocha en su Historia del Movimiento Psicoanalítico, es si este complejo de inferioridad responde a una realidad física o psíquica del neurótico o es un sentimiento imaginario. Freud decía que según la teoría de Adler todos los que sufren alguna discapacidad física tendrían que salir neuróticos, lo que no es el caso. La verdad es que Adler insiste en que el individuo nunca está determinado por rasgos constitutivos biológicos o psicológicos sino que es su “`poder creador” el que siempre interpreta los rasgos dados del ser personal para proyectar un “estilo de vida”, un modo fundamental de vivir y de ver la vida, que dirige toda su acción y su experiencia, y que cuando está orientado exclusivamente a la lucha por la superioridad y su reconocimiento en merma del “sentimiento de comunidad” (que Adler introdujo con posterioridad a la primera edición de El Carácter Neurótico, de 1912, cancelando con dicha noción el original sentido psicológico nietzscheano de su teoría) produce el carácter neurótico. Hay una coincidencia cierta entre este planteamiento psicológico de Adler y la visión, desarrollada en contextos filosóficos, del ser individual en Heidegger, Ortega y Sartre, como algo no dado según un determinismo natural sino como algo que hay que “proyectar” a partir de una facticidad con la que uno se encuentra pero que sólo adquiere su sentido y su operatividad una vez asumida e interpretada de una manera u otra por el “proyecto”. Para estos autores decidimos lo que somos dando significado y finalidad a todo aquello con lo que nos encontramos en nuestra facticidad, del mismo modo que en Adler es el “plan de vida”, el “estilo de vida” construido por el “poder creador” individual, de lo que va a depender el ser efectivo de nuestra vida; y a través de él nuestra base biológica o psicológica llegará a tener un papel u otro en nuestro destino vital. Yo puedo tener una discapacidad física, pero esa discapacidad sólo será esencial en mi vida si yo la asumo como tal, si yo decido verme como un individuo esencialmente determinado por esa minusvalía. Si yo considero que esa minusvalía no afecta a lo esencial de mi persona, que yo pongo en otras capacidades, mi vida no será determinada esencialmente por ella. O incluso no lo hará si yo considero, como hacen los que practican los llamados deportes paralímpicos, que esa minusvalía no imposibilita que yo desarrolle el órgano impedido de otras formas y con otras condiciones distintas a las que son puestas para su ejercicio por las personas que no  tienen tal minusvalía.
            Esta “existencial” manera de entender la libertad humana ha sido criticada por nosotros (véase el artículo Contra la Filosofía Existencial del “Proyecto”, también en este blog) y le hemos opuesto la idea de un “carácter” innato que como una “forma viva”  -no de manera causal-mecanicista sino mediante un desarrollo orgánico y como una “forma viva” no captable mediante la identificación analítica de hábitos sino sólo mediante una intuición totalizadora de la personalidad –decide lo que somos en la vida, por encima de los contenidos culturales que elijamos o que aceptemos pasivamente.
            Señalemos de paso que indicaciones de alcance antropológico y psicológico como las referidas de los citados autores filosóficos eran para el viejo Husserl prueba de que ellos-él se refería específicamente a Heidegger –se habían salido del terreno eminentemente filosófico, el de la llamada filosofía primera, para caer en un terreno inferior, en el que el problema clave de toda filosofía auténtica, el de la existencia del mundo objetivo con independencia de la conciencia trascendental y la subjetividad constituyente, se daba como resuelto en un sentido realista no filosófico, tomándose como  válida sin más lo que Husserl llamaba la “actitud natural”. Desde luego, la idea “existencial” de libertad de Heidegger, Ortega y Sartre es una visión más cercana a lo ideológico, y habría que señalar sus conexiones con la ideología burguesa del individuo autopoiético o autocreador, que a lo estrictamente filosófico.  
            Pero volviendo a Adler, hay que decir que a ninguno de los autores filosóficos citados le hubiera gustado verse puesto en conexión con un “vulgar” psicólogo capaz de decir la siguiente disparatada barbaridad, que se encuentra en el Prefacio de su obra Teoría y Práctica de la Psicología Individual:

“Lo que los guías de la humanidad habían visto como la obra de Dios, del Destino, de la Idea, del sustrato económico, la Psicología del individuo lo entiende como clara expresión de la fuerza de una ley formal: la lógica inmanente de la convivencia humana”.

Aquí con “lógica inmanente de la convivencia humana” se quiere significar la lucha psicológica entre individuos por el reconocimiento de la superioridad. Pensar que lo psicológico es, en tanto forma necesaria de la vivencia de todo lo cultural, el factor determinante de la marcha histórica de la humanidad es una disparatada barbaridad, pues supone no darse cuenta de la autonomía del valor de universalidad de lo cultural, que trasciende la forma psicológica con que ello tiene que aparecer a la conciencia individual. Hay principios que rigen el proceso de  desarrollo de ,lo cultural-colectivo –llámense Dios o Idea o, en el materialismo histórico, el sustrato económico –que superan y neutralizan lo psicológico, como forma o envoltorio necesario pero no determinante esencialmente, y que tienen su propia lógica viva de desarrollo autónomo frente a todo lo psicológico-contingente. Aunque todo tiene que ser vivido psicológicamente, no todo lo vivido es psicológico. Hay una autonomía del espíritu, o si se quiere de lo cultural-histórico, frente a lo psicológico-individual-contingente. El espíritu como contenido neutraliza y segrega de sí la forma psicológica en tanto el espíritu se desarrolla de forma universal. No sé si se podrá expresar en el lenguaje de los fenomenólogos esta no reducibilidad de los contenidos espirituales a la forma psicológica en que son vividos diciendo que toda vivencia individual es psicológica pero algunas de ellas, las referidas a contenidos culturales, apuntan intencionalmente a contenidos que no son ellos mismos psicológicos. El reduccionismo psicologista de lo cultural falla en una simple falta de percatación de que en cuanto surgen los contenidos culturales intersubjetivamente válidos se conforma una lógica objetiva del desarrollo y de la adquisición de validez y efectividad de esos contenidos  que vuelve inesencial e insignificante el formato psicológico en que ellos son vividos privadamente por las conciencias “monológicas” de los individuos. Si ascendemos al punto de vista filosófico del idealismo objetivo, habrá que decir también que los contenidos culturales tienen un estatuto ontológico de objetividad ideal-inteligible que impide que puedan ser conocidos como simple manifestación de la subjetividad psicológica de los individuos que los viven o incluso que los producen. Pero no es necesario llegar hasta aquí; basta con darse cuenta de que lo que alcanza el rango de contenidos intersubjetivamente comunicados y compartidos pasa a un plano de validez y de efectividad que no puede ser comprendido mediante lo que el individuo en su interior psicológico piensa, siente o desea. Toda validez podrá siempre ser experimentada psicológicamente por alguien, pero toda validez –teórico-cognitiva, ético-práctica o estético-expresiva- no es algo psicológico sino algo que tiene su propia lógica intersubjetiva. Toda validez, -por ejemplo, de verdad- podrá ser siempre conocida por alguien, por un sujeto psicológico, pero la misma verdad no es algo psicológico, pues de lo contrario al hacerla depender de lo contingente-particular- subjetivo estaríamos destruyendo el mismo concepto de verdad, que implica universalidad y necesidad. Esa universalidad y necesidad puede entenderse en términos de lógica comunicativa intersubjetiva y no es necesario llegar al idealismo objetivo que la hace depender de la idealidad (inespacialidad e intemporalidad) inteligible de la verdad.
            Pero dejando la crítica filosófica de Adler y volviendo al terreno simplemente psicológico, hay que señalar que, como todas las psicologías del yo que abandonaron la radical teoría de los instintos de Freud, la Psicología del Individuo de Adler lleva inevitablemente a una culpabilización del paciente neurótico. Según estas psicologías del yo que rechazan la preeminencia determinante de las pulsiones inconscientes en la génesis de la enfermedad mental, es la propia debilidad, no sé sabe muy bien si solamente moral o también intelectual, del enfermo lo que está en el origen de la enfermedad, que es utilizada por él como un recurso estratégico para desentenderse del enfrentarse con los problemas de su vida, que serían de carácter moral, político y social y no categorizables, en analogía con la enfermedad orgánica, como problemas causados por la irrupción en el yo de fuerzas extrañas a él que interrumpirían su normal funcionamiento entendible con las categorías de la motivación consciente, disponibles como autoevidentes  para todos los participantes en la tarea cotidiana de comprensión de los demás. Se ha criticado a Freud fuertemente por haber construido un planteamiento que, siempre a través de la analogía con la enfermedad orgánica, anularía la responsabilidad de los individuos en sus disfunciones sociales. Pero la categorización de las personas con disfunciones y dificultades psico-sociales como enfermos supuso un avance innegable en la visión humanitaria de estas personas , avance que ni siquiera puede ser puesto en cuestión por seductores enfoques relativistas de la “historia de la  locura”, como el que con exuberante lenguaje fue planteado por Foucault, autor que no es sino un elegante relativista historicista equipado con una capacidad de análisis histórico sofístico verdaderamente apabullante y que él dirige de manera implacable y magistral contra la idea de la  modernidad como progreso.
            Un planteamiento claramente deudor de Adler, como su propio autor reconoce, es el de Thomas Szasz en El mito de la Enfermedad Mental, obra que comúnmente pasa como una de las fundacionales de  la Antipsiquiatría. Szasz lleva al extremo la culpabilización del paciente, pues considera que los problemas personales de disfunción psicológica deben ser entendidos como problemas político-morales que el paciente, con la connivencia de la categorización médica de los mismos, no quiere enfrentar y de los que se vale para, como Adler afirma una y otra vez, sacar ventaja en relación a su autoestima y en las relaciones estratégicas de poder en el medio de la vida cotidiana con los demás. Para Szasz, que procede a un análisis histórico de la categorización médica de la histeria, el histérico o la histérica son simuladores que juegan un juego, el  de la enfermedad mental, que les da ventaja en sus relaciones sociales y que les permite huir de un enfrentamiento “maduro” con los problemas de relación con su entorno social.
            Echar la culpa de las disfunciones psicológicas al individuo que las padece es tan arbitrario e injusto como echársela, tal y como hizo la Vulgata antipsiquiátrica, a su entorno social. Tanto una cosa como otra lo que fácilmente producen es el agravamiento del problema, creando más malestar en el enfermo o en las personas que lo rodean. Por otra parte, la angustia que los síntomas producen es tal, y seguramente los partidarios del enfoque moral de los problemas psicológicos nunca la han sentido, que es impensable que el paciente  finja esos síntomas o juegue con ellos para sacar ventaja en las relaciones psicológicas de poder con las personas de su entorno. Esos síntomas, además, frecuentemente se manifiestan en la privacidad solitaria del paciente, lo que descarta su utilidad social, en el sentido, como diría Adler según se le ha traducido al castellano, de formar parte del “arreglito” del neurótico para reforzar su “sentimiento de personalidad”.
            Freud también acusaba a la Psicología del Individuo de Adler, basada en los avatares de la “voluntad de poder” psicológica como principio motivador y configurador  de la acción y de la experiencia individuales, de ser la psicología de un “mundo sin amor” Pero hay que tener en cuenta que Adler, con posterioridad a las primeras exposiciones de su teoría, introdujo el “sentimiento de comunidad” como móvil también básico de la vida individual, que había que reforzar y alentar para evitar la acción patógena del “afán de superioridad” con el que se intenta compensar el “sentimiento de inferioridad” originario. No obstante, sí parece que la teoría de Adler  está hecha a la medida de un mundo donde dominan la competitividad y la lucha por el reconocimiento, tal y como es el mundo liberal-capitalista. Tal y como Adler presenta su teoría –sobre todo en su primera obra importante, El Carácter Neurótico –fácilmente da la impresión de que ella no contempla la posibilidad de que la interacción social no sólo esté movida por un afán de superioridad y de éxito que refuerce la autoestima individual sino que en ella pueda darse no ya el “amor” sino más modestamente  una cooperación comunicativa dirigida a la ratificación consensual de las pretensiones de verdad desinteresada que puedan presentar los participantes en el proceso cotidiano de búsqueda del entendimiento. Tal vez, el Adler del “sentimiento de comunidad” pueda servir para hacer ver que tal búsqueda de cooperación comunicativa intersubjetiva no puede quedar garantizada por la simple estructura pragmática del lenguaje, tal y como parece plantear la “ética del discurso”, sino que requiere una predisposición individual pre-lingüística  que tendría el carácter de un sentimiento y no basta con la capacidad intelectual para el uso del lenguaje, que por la necesidad de sus principios de uso o principios pragmáticos garantizaría ya siempre la orientación de la acción comunicativa hacia el entendimiento cooperativo.
            La psicología de Adler se presenta expresamente como una psicología de la adaptación social. No se plantea en  ningún momento que en la no adaptación social pueda existir para el enfermo un valor cultural supra-psicológico más importante y realizativo que el de la integración armoniosa con su medio social dado. El “sentido común”, muy alabado por Adler, que afirma que todos debemos llevarnos bien con el medio en el que hemos nacido y que debemos integrarnos funcionalmente en él, no es puesto nunca en cuestión por esta psicología. Pero puede ser el caso que la “tendencia depreciadora” del neurótico, con la que él trata de reforzar su “sentimiento de personalidad” originariamente herido, esté justificada objetivamente en algunos casos, y que el desprecio hacia el medio social y las personas que lo forman sea lo que ese medio y esas personas se merecen, e incluso que ese desprecio sea la actitud correcta incluso moralmente, con independencia de cuál haya sido la génesis psicológica de tal sentimiento de desprecio.
Por último manifestaremos abiertamente cuál es nuestra posición sobre la pretensión de verdad de la psicología de Adler: la teoría psicológica de Adler es más verdadera, pero la de Freud es más subversiva, la de Jung más bonita y la de Lacan de mayor alcance filosófico, y en lo cultural, en la producción de obras  de valor humano, no destinadas a la dominación de la realidad sino a la creación de mundos que enriquezcan la vida y sus perspectivas, lo que importa no es la verdad sino lo interesante y la profundidad.                    


                                   
Publicado por Juan Gregorio Álvarez Calderón en 8:06

jueves, 1 de agosto de 2013

BREVE DIÁLOGO SOBRE LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL Y SU RELACIÓN CON LA CIENCIA

Un científico: La filosofía occidental no se puede entender sin la ciencia y muchos de sus autores han sido científicos.llagas Un licenciado en filosofía: Sí, así le ha id a la filosofía occidental.,La filosofía occidental es tan mala en su referencia a lo existente pleno y concreto por eso, por ser una filosofía emanada de la ciencia. Y los intentos de superar esa situación,desde el idealismo alemán hasta la hermenéutica pasando por Heidegger, han fracasado porque han sido insuficientemente anticientíficos, porque en el fondo han respetado demasiado la ciencia y no se han atrevido a defender un irracionalismo abierto.Como es sabido, Heidegger pensaba que la ciencia técnica moderna es la consumación del "olvido del ser" encarnado en la historia de la metafísica. Esto es cierto en el sentido de que la filosofía occidental y la ciencia son solidarias, van unidas, pero a esa conjunción hay que oponerle una concepción dionisiaca de la vida en su carácter sensible,emotivo y deseante y no construcciones ontológicas, por muy vanguardistas que sean esas construcciones, coma la del propio Heidegger. Por eso Nietzsche no es una culminación de la metafísica, del "olvido del ser", con su "voluntad de voluntad" que se habría realizado en el dominio técnico del mundo,tal y como defendía Heidegger  sino un camino a retomar para salir de la filosofía.Enviado de Samsung Mobile
Publicado por Juan Gregorio Álvarez Calderón en 21:58

jueves, 27 de junio de 2013

PINTADAS

El otro día hablaba José Antonio Marina (que no es santo de mi devoción) en la radio del pensamiento a base de eslóganes que se está extendiendo como la pólvora por culpa de las redes sociales sustituyendo al pensamiento basado en argumentaciones. Pero esta tendencia también me afecta a mí. Además en los asuntos prácticos (ético-políticos) y de significación humana en general no se puede demostrar nada, por lo que en dichos asuntos tal vez sea más pertinente un lenguaje que muestre que no un lenguaje que intente demostrar. Por eso he decidido poner aquí una tanda de "pintadas", aunque eso sí, no se trata de sensiblerías psicologistas o muestras de ingenio inocuo como las que veo a menudoen el Facebook.

LAS MASAS SON CULPABLES.¡"DICTADURA PEDAGÓGICA" (MARCUSE) YA!

EL CIENTIFICISMO Y LA CULTURA DE MASAS ESTÁN MATANDO ESPIRITUALMENTE A LA HUMANIDAD.

LA SOCIEDAD DE CONSUMO DEBE MORIR DE MUERTE VIOLENTA (Pintada del Mayo francés)

ESTADO DEL BIENESTAR: TRAMPA PARA PEQUEÑOS BURGUESES.

SOCIALISMO Y TRADICIÓN.

SOCIALISMO CON TODAS LAS CONSECUENCIAS (abolición de la propiedad privada de los medios de producción) Y TRADICIÓN ÍNTEGRA.

"¿DÓNDE ESTÁ LA LOCURA QUE HABRÍA QUE INOCULAROS?" (NIETZSCHE)
Publicado por Juan Gregorio Álvarez Calderón en 7:07

martes, 25 de junio de 2013

INCULTURA CIENTÍFICA

Una vez le oí decir a una de ciencias, que no no debía de haber visto en su vida ni por el forro un libro de filosofía que no fuera un libro de texto, que la filosofía era una "cosa de empollar". También conocí a un matemático que, hablando una vez de este tema de las ciencias y las humanidades, decía: "Porque por ejemplo un filósofo como Julio Verne...".
Otro matemático que conocí decía que lo de que la filosofía tiene que ver con las matemáticas era una idea peregrina de los filósofos para darse importancia. Decir esto supone no haber ni oído hablar de los pitagóricos e ignorar por completo en qué consiste la operación filosófica intentada por Platón, por no hablar de la significación de Descartes y el racionalismo moderno. Por cierto, a todo un señor rector o vicerrector de una Universidad, profesor de Quimica, le oí decir en la inaguración de un congreso nada menos que sobre Spinoza que la filosofía era una "ciencia blanda". Otra cosa distinta es que los proletarios del saber filosófico no sepamos matemáticas, pero no hay que confundir esto con la significación objetiva de la filosofía.
Pero pongo aquí sólo estos ejemplos de incultura científica sin más argumentaciones, que reservo para un posible "Discurso sobre las ciencias y las letras" al que le estoy dando vueltas en la cabeza, cual redivivo don Quijote (que, como se recordará, se marca en la inmortal novela de Cervantes un enjundioso "Discurso sobre las armas y las letras"). Una de las cuestiones que intentaré tratar en este discurso será la de que tal vez la ignorancia humanística de la mayoría de los científicos no sea un accidental problema cultural o educativo, sino que tal vez pueda venir dada necesariamente por la propia esencia metodológica de la ciencia.
Publicado por Juan Gregorio Álvarez Calderón en 7:04

lunes, 10 de junio de 2013

UNAS PALABRAS SOBRE LA ÓPERA "WOZZECK" DE ALBAN BERG

  • Estuve el sábado por la noche viendo la ópera "Wozzeck" de Alban Berg, que es una ópera del siglo XX con música atonal (que suena "mal" al oído) y que cuenta la historia de un soldado desquiciado (esquizofrénico) que termina comentiendo un crimen pasional. aquí va un comentario sobre esta obra.

    “Wozzeck” es una verdadera carga de profundidad con significación tanto psicológica como social. En realidad, “Wozzeck” está basada en el tópico del criminal y el loco como víctimas de la sociedad, pero la fuerza dramática de la obra y el uso expresionista de la música atonal que Berg hace consiguen darle a este tópico un especial y profundo poder de sugestión.
    No se trata en esta obra de una simplista visión romántica del problema que reivindique la genialidad del individuo frente a la convencionalidad moral sino que el drama de la individualidad anormal está expuesto en toda su crudeza y, lejos de la ilusión romántica de la individualidad triunfante sobre el sufrimiento psicológico y social, se expone sin contemplaciones el fracaso al que toda individualidad no normalizada está condenada en una sociedad cuya exigencia de funcionamiento “racionalizado” pasa por encima de integrar y salvar al inadaptado.
    Creo que es fundamental para entender la obra, tanto en su perspectiva dramática como en su música, está oposición suya a un tratamiento romántico del tema. Yo entiendo todo el arte de vanguardia del siglo XX como una reacción frente al romanticismo, cuyos efectos en la cultura, sobre todo en la música, se hicieron sentir hasta mucho después de la época clasificada escolarmente como romántica. Las vanguardias intentaron acabar con la asimilación burguesa del romanticismo como un ornamento sentimental e inocuo de la vida culta en la sociedad del humanismo autocomplaciente que llegó a su final catastrófico con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Creo que este motivo ideológico en la intención de las vanguardias hay que tenerlo mucho más en cuenta que otros motivos puramente formalistas sobre el desarrollo del arte autónomo con los que habitualmente se consideran las razones del surgimiento del arte vanguardista.
    Este motivo antirromántico del arte de vanguardia tiene además algo que ver con un aspecto de mi vida psicológica, pues me gustaría decir que yo utilizo la música vanguardista atonal en algunas ocasiones para enfriar y contener el entusiasmo emocional, creo que profundamente malsano, que produce en mí la audición de música romántica, especialmente la de Wagner. Metafóricamente podríamos decir que la música atonal me ayuda a eliminar toxinas románticas.
    En todo caso, después de la experiencia de las vanguardias y de las terribles experiencias políticas del siglo XX no podemos ser ingenuamente románticos y un arte que, como todo el de la época burguesa, nos haga creer en la realidad y el triunfo de valores superiores positivos -o que, como la música de la actual cultura de masas, simplemente nos ponga “contentos”- tiene mucho de falso y engañoso. El arte en un mundo desgarrado y conflictivo como el nuestro debe mantenerse firme en la expresión de la negatividad de ese mundo sin reconciliar que es el nuestro. Creo que en la fidelidad a esta actitud y en el rechazo de toda ilusión romántica está la fuerza de una obra como “Wozzeck”.

Publicado por Juan Gregorio Álvarez Calderón en 0:51

miércoles, 15 de mayo de 2013

EL LIBRO "FILOSOFÍA DE LO MARAVILLOSO POSITIVO" (1889) DE ESTANISLAO SÁNCHEZ CALVO

Para los que quieran profundizar filosóficamente en el tema de lo paranormal, y no quedarse en un simple gusto sensacionalista o morboso por ello, es recomendable la lectura del libro “Filosofía de la maravilloso positivo” del filósofo avilesino del siglo XIX Estanislao Sánchez Calvo, no muy conocido en nuestros días pero que durante su existencia estuvo relacionado amistosamente con diversos profesores krausistas y gozó también de la amistad y el reconocimiento de Leopoldo Alas “Clarín”. Fue también Sánchez Calvo alcalde de Oviedo durante un corto periodo de tiempo. Sánchez Calvo parte de una concepción positivista, pero el suyo es un positivismo no mermado en sentido materialista reduccionista, sino que acoge como hechos dados, “positivos”, todos los recogidos y testimoniados por la experiencia espiritista y, en general, por la experiencia de lo que hoy llamamos lo paranormal. Todo el objetivo de su libro es la lucha contra lo que él llama un “positivismo insuficiente”, al que Sánchez Calvo alude en la dedicatoria de otra de sus obras, “La elección de Fe en el Mundo Moderno”, a Leopoldo Alas “Clarín”. Este “positivismo insuficiente” se complementaría polémicamente en la España de la época con el “dogmatismo improbable” de los clericales, dogmatismo al que Sánchez Calvo tampoco está dispuesto a sucumbir. Sánchez Calvo considera que lo maravilloso es lo “misterioso admirable”, definición ésta que recuerda a la que el eminente filósofo de la religión Rudolf Otto daba de lo “numinoso”, considerado por él como núcleo irracional cuya experiencia está presente en todo auténtico sentir religioso: el misterio tremendo y fascinante. En los primeros capítulos de la obra, los de contenido más filosófico junto a los de la conclusión y el dedicado a hacer la crítica del libre albedrío, Sánchez Calvo trata de mostrar que lo maravilloso es algo que también se encuentra en el corazón mismo de los fenómenos naturales estudiados por la ciencia “normal”, pues la razón última de la asociación de los fenómenos, como ya había adelantado el escepticismo de Hume, permanece desconocida para la ciencia, y a partir de aquí aventura una imagen de la naturaleza radicalmente antimaterialista, tanto como la del obispo Berkeley, llegando a afirmar que en la naturaleza no hay materia sino sólo fuerzas, y de aquí, en un salto mortal, concluye que la fuerza tiene que responder a una Voluntad consciente de sí misma, aunque permanezca inconsciente para los sujetos humanos, noción ésta que, como veremos, será fundamental para su explicación de lo maravilloso o paranormal. En la segunda parte del libro, titulada “Lo maravilloso en los estados anormales del organismo humano”, Sánchez Calvo hace un repaso de múltiples casos de lo que hoy llamamos paranormal, dedicando capítulos enteros a fenómenos como la hipnosis y la sugestión, la transmisión del pensamiento, la adivinación el presentimiento y las apariciones. Los casos relatados y examinados están por lo general extraídos de las obras de historiadores antiguos culturalmente respetados o provienen de testimonios de modernos investigadores de la naturaleza o escritores que también gozan de reputación culta. Sanchez Calvo se enfrenta con la opinión humanista –que es la que verdaderamente se encuentra detrás del escepticismo ilustrado, más que los argumentos científicos o cientificistas –de que es necesario que exista un santo horror a lo sobrenatural porque la funesta creencia en ello ha dado lugar a un sinfín de crímenes, locuras y errores. Argumenta el Solitario de Avilés, como también es llamado nuestro autor, que creencias de todo tipo han dado lugar a lo mismo y nos dice además, situándose frente al utilitarismo, que lo que importa no es la cuestión de la utilidad de la creencia sino su verdad o falsedad con independencia de sus consecuencias. Hay que decir que Sánchez Calvo, para explicar el condicionamiento natural de fenómenos cuya positividad es innegable para él, como los de la transmisión del pensamiento, recurre a una hipótesis completamente corriente en la Física de su tiempo, pero que posteriormente fue descartada por la Teoría de la Relatividad de Einstein: la hipótesis del éter. Pero Sánchez Calvo insiste una y otra vez en su libro en que hay que distinguir las condiciones naturales de lo maravilloso y su verdadera causa y está causa es puesta por él en lo Inconsciente. Pero no está hablando con esto de un inconsciente pulsional individual como el de Freud, sino de un Inconsciente universal que es al mismo tiempo Inteligencia, Voluntad e Idea. A diferencia de la Voluntad de Schopenhauer y Eduard von Hartmann, el Inconsciente de Sánchez Calvo no es conocido por los sujetos humanos, pero sí tiene conocimiento de sí mismo y además, y en esto nuestro autor sí sigue en cierto modo ciertos aspectos de la filosofía de von Hartmann, es un Inconsciente que se asimila a la Idea, que es también Inteligencia y, por tanto, dirige providencialmente a la Naturaleza y la Humanidad. Este inconsciente idealizado y también divinizado, pues Sánchez Calvo lo identifica también con Dios, produce una sugestión universal que es la responsable no sólo de los fenómenos maravillosos sino de la creencia “normal” en una realidad externa de naturaleza material. A su vez esta Idea o Inconsciente puede estar bajo la sugestión de una Idea de superior nivel, con lo que Sánchez Calvo propone la hipótesis de la pluralidad de universos. El profesor Gustavo Bueno Martínez, feroz materialista filosófico, ha dicho sin embargo estas palabras en defensa del Solitario de Avilés: “La obra de Sánchez Calvo es de una actualidad extraordinaria, en cuanto cuestiona el fundamentalismo científico. Y quien se escandalice de su construcción idealista tendría que escandalizarse también de muchos ilustrísimos físicos, como Eddington, F. J. Tipler, en su caso Bertrand Russell, y otros, porque mantienen posiciones más hiperidealistas que las de Sánchez Calvo”. Bibliografía Estanislao Sánchez Calvo: “Filosofía de lo maravilloso positivo” Libros del Pexe, 1997
Publicado por Juan Gregorio Álvarez Calderón en 12:18

lunes, 29 de abril de 2013

LA CRÍTICA DE KANT A LAS VISIONES ESPIRITISTAS DE EMMANUEL SWEDENBORG (1688-1772)

Emmanuel Swedenborg (1688-1772), nacido en Estocolmo, se doctoró en teología pero se hizo famoso como ingeniero. Viajó por toda Europa y en Inglaterra cultivó la amistad de Newton, cuyo interés en temas ocultistas, concretamente en la alquimia y las profecías apocalípticas, es de sobra conocido. Comenzó Swedenborg a tener “visiones” y sueños que le ponían en contacto con el mundo espiritual a la edad de cincuenta y cinco años. En cuestiones estrictamente religiosas este visionario sueco rechazaba el dogma de la Trinidad. Para Swedenborg el mundo invisible es una prolongación del mundo visible. Hay un sistema de correspondencias y representaciones que nos liga a ese mundo invisible, donde se encuentra el “Muy Grande Hombre”, especie de macrocosmos espiritual y corporal, representación ésta de la que se burla Kant en el escrito suyo que luego comentaremos. El objetivo de todo el conocimiento obtenido por Swedenborg en sus visiones es la correspondencia entre el hombre interior y el hombre exterior. Swedenborg dijo haber “asistido” en 1757 al Juicio Final y anunció a renglón seguido una “Nueva Dispensación” puesta bajo el signo de la “Nueva Jerusalén”. Murió en Londres en 1772, fecha que , al parecer, anunció con antelación, del mismo modo que predijo un gran incendio que arrasó Estocolmo. Swedenborg no fundó ninguna secta ni ninguna comunidad religiosa, pero un grupo de discípulos suyos fundó la llamada “Nueva Iglesia” o “Comunidad de la Nueva Jerusalén”, que actualmente posee centros en Londres y Nueva York y cuenta con unos treinta mil asociados, que pretenden constituir una especie de élite religiosa. Swedenborg decía mantener comunicación con toda clase de espíritus, ángeles sobre todo, y de almas separadas. También en su obra habla de los supuestos habitantes de los planetas del sistema solar. Pues nada menos que Kant dedicó una obra, “Los sueños de un visionario”, a realizar la crítica filosófica de las visiones espiritistas de Swedenborg. Esta obra pertenece a lo que se llama la época precrítica de la filosofía kantiana pero anuncia ya los planteamientos de su etapa crítica, inagurada con la “Crítica de la Razón Pura”. El título completo de la obra de Kant es significativamente “Los sueños de un visionario esclarecidos mediante los sueños de la metafísica”. La razón de ser de este título es que Kant establece un paralelismo entre las visones que Swedenborg pretendía tener del mundo angelical y de los espíritus descarnados con las especulaciones de la metafísica filosófica, examinada críticamente en la “Crítica de la Razón Pura”, que en sus pretensiones de conocimiento afirma poder llegar más allá de lo sensible hasta la captación de lo inteligible puro y usa las ideas trascendentales de la razón (Dios, alma y mundo como totalidad) no como simples ideas regulativas (totalizadoras) del conocimiento sino como ideas correspondientes a objetos trascendentes que mediante ellas podrían ser conocidos. Kant nos dice literalmente que las visiones de Swedenborg le recordaban “las fabulaciones de la filosofía en el país de Jauja de la metafísica”. Compara Kant los “sueños de la percepción” , que hacen entrar en contacto con espíritus, con los “sueños de la razón” de la metafísica filosófica dogmático-racionalista, que nos harían llegar al conocimiento de lo suprasensible. Frente a esta metafísica filosófica racionalista, Kant, como es sabido y ya en la “Crñitica de la Razón Pura”, insistirá en que es necesario, antes de lanzarse a conocer racionalmente, examinar las condiciones de posibilidad del conocimiento y concluirá que para que éste sea posible es necesario contar tanto con las formas a priori (no provenientes de la experiencia) de la sensibilidad (espacio y tiempo) y del entendimiento (categorías o conceptos puros) como con el material sensible procedente de la intuición (aprehensión inmediata) de los sentidos. Surge así el famoso lema kantiano: no todo el conocimiento procede de la experiencia pero todo él comienza con la experiencia. Kant en “Los sueños de un visionario”, y anunciando con esto su planteamiento de la “Crítica de la Razón Práctica”, hará hincapié en la necesidad de tener fe (práctico-filosófica) en una supervivencia ultramundana de los seres humanos, para poder llegar finalmente a una armonía entre virtud y felicidad, es decir, que la virtud sea recompensada con la felicidad, que en el mundo material no siempre, o más bien nunca, corresponde al hombre virtuoso. Así nos dice Kant en el prólogo a su “Crítica de la Razón Pura”, que su misión filosófica ha sido poner límites al conocimiento para dejar lugar a la fe. Pero lo que no se puede hacer, y aquí creo que radica el fondo de la crítica de Kant a Swedenborg, es inventar o soñar un orden de espíritus que se relacionan extracorporalmente entre sí sin ningún sentido moral. Hay que tener muy en cuenta esto y es lo que yo creo que lleva a Kant a rechazar las visiones de Swedenborg: el mundo de los espíritus descarnados hay que concebirlo como dotado de un sentido moral y hay que suponerlo (postularlo) en función de una necesidad moral y no imaginar simplemente potencias espirituales que pueden obrar sobre la materia como si se tratara de fuerzas a poner junto o por encima de las conocidas por la ciencia , sin que los fenómenos producidos por su obrar tengan ninguna significación moral. Kant comienza su obra examinando críticamente la noción de espíritu y llega a la conclusión de que la posibilidad de seres inmateriales no puede ni demostrarse ni refutarse con fundamentos de razón, pues el concepto de espíritu no pertenece al concepto común de experiencia. Pero sin embargo Kant añade que es incomprensible “que una sustancia espiritual, aunque sea simple, ocupe un espacio sin llenarlo”. En el texto Kant no niega completamente la posibilidad de facultades telepáticas, pero deja bien clara su creencia ilustrada en que el conocimiento intuitivo del otro mundo sólo pude lograrse “sufriendo merma de aquel entendimiento que necesitamos para el mundo presente”. En todo caso, el ejemplo de Kant nos muestra que la discusión sobre el posible conocimiento de lo inmaterial es una cuestión que nos lleva de lleno a la filosofía y no se puede zanjar la cuestión con meras apelaciones a la experimentabilidad empírica, como pretende la palurdez cientificista de los llamados escépticos, representantes del fundamentalismo científico. BIBLIOGRAFÍA Inmmanuel Kant: ”Los sueños de un visionario”, Alianza Editorial Emmanuel Swedenborg: “De planetas y ángeles” (Antología), Miraguano Ediciones Emmanuel Swedenborg: “Cielo e infierno”, Siruela H. Masson: “Manual de herejías”, Rialp Franco Volpi: “Enciclopedia de obras de la filosofía”, Herder
Publicado por Juan Gregorio Álvarez Calderón en 3:25
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